lunes, 2 de diciembre de 2013

Relato: "Pequeña MEL"

Relato: "Pequeña MEL"   

 

Teniente Ripley

Pequeña Mel, quizás no te dije lo suficiente cuánto te quería, cuan importante eras para mí, como aunque tú no quisieras molestar me molestaba que te recogieras en la casita, que tuviera que sacarte para que estuvieras a nuestro lado.

No he podido hasta hoy darte la despedida que un miembro de mi familia merece, necesita, requiere por como es. En cada despedida se me agotan las palabras y repito las mismas Mel, pero es que es la pura verdad.

Esos corazones puros, esa lealtad que no traiciona, ese sentido de la justicia, esos valores que no encuentro en los humanos, solo los tenéis vosotros. Sacáis lo mejor de mí, me mostráis mis defectos para que los trabaje, siempre me enseñáis con cariño, sin hablar, y vuelvo a revivir con vosotros cuando salgo del mundo en el que me toca vivir siendo esclava de la injusticia, el dolor, el poder corrupto del dinero, la muerte...

Los últimos días te he tenido pegada a mi corazón, suspirabas cuando te tenía cerca, me mantenía tranquila hablándote para que se te fuera el miedo. Ahora tengo miedo yo porque no se si he hecho todo lo posible por ti pequeña. Siempre acabo con esta sensación porque el dolor egoísta de teneros a mi lado es cruel con la lealtad que siento ante vosotros.

Me inclino ante ti gran guerrera, grandísima amiga, pequeña estrella de luz en la tierra.

Perdóname si no he estado a la altura,

si te he fallado,

si no has sentido que te quería.

Perdóname.

Guíame desde ese cielo donde estás bien acompañada para seguir el camino correcto, vela mi sueño cuando la tristeza venga a buscarme, mírame con esos ojos que me derretían, que impedían que fuera perro contigo. ¡Qué difícil era Mel, que difícil...!

Creo que esa mirada tan autenticamente bondadosa jamás la he visto en alguno de los de mi especie, esos ojos como hojas de ruta del micro mundo del que te has ido.

Eras muy importante para mí pequeña, mucho más de lo que quizás nunca te dije. Y te has ido, en dos días, de repente...

Y otra vez siento la soledad fría que me corta la piel, es entonces cuando mi alma de perro me recupera, me saca a flote para cerrar el capítulo con dos valores que todos teneís: pidiendo perdón y dando las gracias.

Los humanos necesitamos muchas cosas para sentirnos bien, compactos, para esconder nuestras miserias debajo de la alfombra y que no huelan.

Tú has enseñado que solo siendo uno mismo con humildad es como se es feliz. Gran lección.

Has recordado el mensaje de la manada perruna cada día: vive el hoy.

Has entregado cariño sin esperar a recibirlo, eras la mejor embajadora de la bondad que hemos conocido Mel.

Esos ojos tan llenos de todo, tan cálidos, tan medicinales para el alma los echaré de menos ni te imaginas cuanto Mel.

Ya no puedo cuidarte pequeña, y me duele.

Quédate con Charly, con Portos, Zape, Gucci y Boss.

Todos ellos son los que me dan fuerzas cuando no se de donde las saco.

Todos vosotros me hacéis vivir la fuerza de creer en el compromiso cuando quieres a alguien: hasta el final.

Te quiero muchísimo pequeña... siempre serás mi dulce Mel.

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